martes, 17 de mayo de 2016

La Verdad siempre estuvo delante de mis ojos.






La Verdad siempre estuvo delante de mis ojos, pero para aceptarla tuve que deslastrarme, día tras día, de una grandísima cantidad de mentiras (casi todo lo que creía) que no me dejaban ver. Ahora espero poder cultivarla completamente en todos los momentos para recoger los frutos de tantas y tantas reflexiones. Cada mentira desenmascarada se tradujo en algo que mejoraba en mi vida. Y así fui mejorando, superando mis dudas y angustias. Cuando me di cuenta, ya estaba manejando La Verdad en los aspectos más importantes de mi día a día. Es cierto que me ha llevado una vida llegar a ella, pero solamente el hecho de poder presentársela a ustedes, justifica cualquier esfuerzo.

Ya no más fórmula mágicas, ya no más ensayar estrategias de otros, ya no más esperar un mesías, ya no más esperar y orar para que aparezca el bueno, el que sí sabe, el que viene a componer esto, ya no más cifrar esperanzas en el presidente, gobernador o alcalde honesto, ya no más esperar a esa persona que sí me quiere y que me apoyará y ayudará para resolver aquello, ya no más anhelar el amigo o familiar que sí tendrá deseos de ayudarme.
Nadie, absolutamente nadie puede ayudarme a transitar mi camino. No hay ningún futuro que construir porque el futuro ya fue construido y simplemente está esperando que yo vaya a vivirlo. Nadie puede, aunque quiera intensamente, vivir mi vida por mí, ni lo bueno ni lo malo. Nadie por su propia decisión o iniciativa puede suplirme de alguna cosa. Nadie puede entorpecer mi aprendizaje. Quien se atraviesa en mi camino fue elegido para eso. Aquél que no se equivoca no dejó detalle pendiente. Todo lo que vine a vivir, con todo lo que voy a necesitar, ya fue creado. Las personas a través de quienes voy a recibir algo, los lugares, circunstancias, condiciones, elementos, todo fue diseñado y escogido para mi aprendizaje. Hasta aquél que va a contrariarme ya fue escogido. También aquél que me hará reír o llorar. Y todos aparecerán en el momento preciso sintiendo la imperiosa necesidad o irresistible impulso de participar en mi vida para una cosa u otra. Y quizás sientan satisfacción o remordimiento por entorpecer mi curso o por apoyar mi existencia. Pero realmente, simplemente, son instrumentos que El Creador diseñó para influir en mi vida. Es Él mismo quien vive a través de cada uno de nosotros. Y nosotros vivimos en Él.
Claro que no es ese viejito que me pintaron cuando yo era un niño. Definitivamente no es una persona. En todo caso es un sistema, una inteligencia perfecta cuya forma no alcanzo a vislumbrar, pero sí a comprender, pues dentro de su inmensa complejidad, por su misma perfección, es de una simplicidad extrema. Los Principios a los que Él da lugar son absolutamente claros, definidos y definitivos. Él es El Bien, es La Luz, es La vida, es El Amor, es La Energía, es Único, es Perfecto, es el que Existe y Hace, es El Todo. Cualquier cosa que podamos imaginar contrario a Él, sencillamente no existe.
Sin embargo, nosotros, producto de nuestra ignorancia, derrochamos energía creadora concibiendo condiciones, circunstancias, elementos, seres, dioses, lugares y demás indeseables cuyos propósitos y comportamientos son contrarios a la esencia de la fuente que dió origen al Universo. Y desafiando con extrema locura los Principios que rigen todo lo creado, le reconocemos existencia a una monstruosidad que no tiene padre ni madre. Es cierto que estas inverosímiles creaciones las heredamos de nuestros muy remotos antepasados, y las aceptamos como ciertas cuando nuestras mentes estaban tan tiernas que no podíamos discernir sobre su veracidad, pero aunque ninguna de esas fantasías resisten un análisis medianamente serio, aún seguimos fundamentando nuestras vidas en esas mentiras. Pero hasta nuestras fantasías cumplen un propósito. Son efectos colaterales de la existencia del ser humano, consecuencias de nuestra capacidad de pensar y discernir. En La Creación nada sobra y nada falta. Todo está conectado cumpliendo una función. Este mundo de mentira sirve para que podamos apreciar la inmensa grandeza de El Creador y su obra. Así como la percepción del hambre nos lleva a valorar el alimento, el frío nos permite valorar el calor, la obscuridad la luz.

 Existe el bien, el calor y la luz. Sus opuestos no son reales. Son simplemente el efecto que percibimos cuando los primeros están ausentes.

En tus manos dejo este milenario conocimiento.




Seu. 

La Verdad




Dicen que dijo San Pablo: Conoce La Verdad, y La Verdad te hará libre.
Pero, ¿Qué es La Verdad, y de qué me hará libre? ¿No soy libre acaso?
Habrás oído decir que la verdad es una sola. Y es cierto. Para una cosa solamente puede haber una sola verdad. Y esa verdad es permanente. Si la cosa no cambia, la verdad sobre la cosa tampoco cambia. Siempre será la misma.
Las ciencias están repletas de ejemplos sobre esto. Dos más dos siempre será igual a cuatro. Por citar uno conocido.
Cuando conoces la verdad sobre algo, te liberas de la ignorancia que padecías acerca de ese algo. De eso nos liberta toda verdad. De la ignorancia. Las decisiones que tomamos fundamentadas en percepciones equivocadas sobre algo, generan errores, resultados indeseados. Al conocer la verdad sobre ese algo y libertarnos de la ignorancia que padecíamos, podemos tomar decisiones acertadas que nos brindarán satisfacciones. Entonces la vida comienza a verse de otro color.
Las personas que tienen a su cargo la responsabilidad de corregir irregularidades en el funcionamiento de cuerpos vivos o máquinas, léase médicos y mecánicos, también los jueces y aquellos que tienen la tarea de corregir irregularidades en alguna obra, necesitan de un diagnóstico preciso para poder ejecutar acciones efectivas. Es decir, necesitan conocer la verdad.
Las verdades nos libertan de vivir esclavizados, víctimas de los resultados de decisiones equivocadas.
San Pablo nos habla de la verdad total, la verdad sobre la vida y sobre el Creador de la vida. La verdad que nos libera del engaño en el que hemos vivido cometiendo errores tras errores. La verdad que nos define el punto de comparación, la guía para todos y para todo. El Principio por el cual debemos regir nuestras vidas. La explicación que nunca cambia porque tampoco cambia el sujeto a quien se refiere. Por eso la escribo con mayúsculas. La Verdad.
El primer punto de este conocimiento que llamamos La Verdad es: Que todo lo que existe tiene su origen en un único ser omnipotente que es Causa (Creador) y Principio (Gobierno que rige, Ley) de todo lo creado.
El Universo, sistema complejo integrado por una cantidad inmensurable de elementos que funcionan con altísima precisión y eficiencia solamente pudo ser creado por una inteligencia total y perfecta que gobierna desde el amor.
Basta con admirar la maravillosa obra que es el cuerpo humano para convencernos de esto.
Para dirigir eficientemente una obra tan magna como el Universo es preciso un único criterio, por eso sabemos que estamos regidos por un único poder.
Este único poder es constructivo pues funciona desde el amor, es el que nos da la vida. Es El Bien.
Una vez que lo tenemos claro, este primer punto nos servirá de base para construir lo demás.
Si el Creador Supremo es único, es perfecto y es El Bien, entonces concluimos que no existe el mal ni ser que lo represente. Siendo Dios perfecto y bueno, su obra es perfecta y buena. Si Él es el único con poder para crear y es El Bien, entonces no pudo crear el mal.
Esto nos lleva a que el mal es una ilusión a la que nosotros le damos vida al desconocer que Dios es único y perfecto. Esto nos lleva a que no existe tal cosa como la enfermedad, la pobreza, la escasez, las malas personas, etcétera. Nunca han existido tales cosas. Dios es perfecto. Su obra es perfecta.
Nuestro desconocimiento de La Verdad nos hizo concebir un Creador abusador y vengativo, caprichoso. Así le damos explicación a todos nuestros males. Pero la verdad es que esas cosas no existen, sino que son el resultado de nuestros pensamientos errados.
Conozcamos La Verdad y liberémonos de esos pensamientos errados y sus efectos funestos.
Disfrutemos de la obra perfecta de Dios.
El mal no existe.







Seu.

miércoles, 6 de abril de 2016

A propósito de este tiempo en el que vivimos.




Y me pregunto:


¿Qué estás esperando para deshacerte de todo apoyo al mal y entregarte totalmente al bien?............¿Acaso ignoras que la manera efectiva de desvanecer el mal es desarrollando el bien?

¿Cuánto tiempo dedicas a la sanación de tu mente?

Si la combinación de elementos de pensamiento que conforma tu mente determina tus decisiones, y tus decisiones son determinantes en el rumbo de tu vida, entonces es obvio que nos conviene tomar acción en seleccionar los conceptos que aceptamos como verdades. Si hay armonía entre los conceptos que habitan en nuestra mente, los resultados serán positivos, más, cuando en la mente conviven elementos antagónicos, y mira que conviven, el rumbo de la vida es incierto e incoherente.
Conviene definir cuál es nuestra primera y principal verdad, la piedra angular de nuestra creencia, y a partir de ella tejer todas las demás, desechando todo lo que se contradice con la piedra angular.
Mi piedra angular es: Existe un único Dios, un único poder que rige todo lo creado, y es definitivamente perfecto. Por lo tanto su acción es siempre constructiva, armónica, de vida, de salud perfecta, de deleite, de equilibrio, de amor, de entendimiento, de unión, de hermandad, de bien.
Esto conlleva a la conclusión de que, todo aquello que no sea bueno no es creado por Dios, por lo tanto no es real, sino que se origina en el razonamiento que nos permite imaginar, concebir en nuestra mente, cómo sería lo contrario a Dios, o sea, cómo sería la imperfección. Es así como, imaginando lo contrario a cada verdad, concebimos la enfermedad, la pobreza, el sufrimiento, el desamor, la tristeza, y todas las cosas imperfectas. Pero debemos tener claro que la imperfección pertenece a la nada, no existe. También es cierto que a través del análisis a la imperfección podemos descubrir la verdad y ver al Creador. Todo en nuestra vida cumple un propósito y está en ella para invitarnos a despejar el velo y descubrir la verdad.
Sin embargo, al enfocar constantemente nuestra atención en alguna de estas cosas, dándola por cierta, la alimentamos, la energizamos, y se materializa subsistiendo cual parásito que chupa nuestra energía vital. No es de extrañar pues, que la pérdida de esta energía particular se manifieste en enfermedad, tristeza, desamor, pobreza, escasez, etc., según sea el parásito que estemos alimentando. Por supuesto que en el mundo físico vamos a conseguir una causa lógica de esta manifestación, pues así funciona el mundo físico. También es obvio que si desvanecemos al parásito, se desvanecen los síntomas que él origina.

Dios único y perfecto como piedra angular de nuestra existencia y conducta no es una propuesta nueva. Más, nueva o antigua, de nada sirve si no la aceptamos y aplicamos permanentemente.



Seu.

martes, 8 de marzo de 2016

El Enviado



Se nos va la vida queriendo ser esto y queriendo alcanzar aquello. Concretamos algunas metas, logramos lo que no pretendíamos y otras cosas que anhelamos se nos hacen cada vez más lejos. Nos desilusionamos, a veces hasta de nosotros mismos, por no haber realizado los sueños de ser admirado por esto o respetado por aquello. Fingimos que no nos importa mientras morimos por dentro. Y, en algún momento, terminamos concluyendo que la felicidad no existe y que la vida es una porquería. ¿Te es familiar esto?

De pronto un día, no sé cuando, me doy cuenta. ¿De dónde saqué la idea de que vine a la vida a hacer lo que yo quiero, o lo que creo que quiero?, ¿Acaso no estuvo siempre clarito que no fue mi decisión venir a esta vida y que tampoco fui consultado si estaba o no de acuerdo?

Tal vez esto siempre ha sido evidente, mas nunca me percaté de eso. Hasta hace apenas unos momentos antes de decidirme a escribir sobre este tema. Ahora voy entendiendo. Mal podría yo materializar mis sueños si no estoy facultado para hacerlo. Realmente estoy aquí para ejecutar los sueños de otro, una tarea que me fue encomendada y para la cual sí estoy facultado. No decidí venir, fui enviado. Con una misión que aún no sé cuál es, aunque la presumo. Es algo que me produce harta satisfacción cuando lo hago. También estoy entendiendo, y todo encaja perfectamente, que si decido aceptar mi misión y dedicarme de lleno a ella, la felicidad inundará mi vida y mis días serán de vívidos colores. Es claro. Al dedicarme a ejecutar la tarea para la cual fui enviado, recibiré en el transcurso las herramientas que vaya necesitando y me desplazaré en armonía con lo que me rodea. Resulta lógico.
Sonrío al reconocer mi inocencia y me pregunto cómo pude ser tan ingenuo o más bien, soberbio. Cómo pude pensar que me dejaron entrar a este mundo para hacer lo que se me antojara. Siendo que el Creador del Universo ejerce sus funciones con seriedad y precisión es lógico pensar que no permitirá que ninguna criatura venga a desentonar lo que El ha programado. Todo lo que no se mueve en su armonía sufre las consecuencias. Entonces, no dudo en reconocer que no vine por mi cuenta, sino que fui enviado. Acepto mi misión con humildad y renuncio a mis antiguas pretensiones. Seguro estoy que seré feliz realizando la tarea que me fue encomendada, de manera que ya no insistiré en alimentar mi ego. No insistiré en "asegurar mi futuro". Reconozco poder únicamente a Dios y sé que El se encarga de todo. Yo simplemente debo transitar el camino que me va marcando y esforzarme en servir haciendo siempre las cosas lo mejor que puedo. Aquello que entorpece el cumplimiento de mi misión está fuera de mi alcance.

Doy gracias al Cielo por este rayo de luz que iluminó mi mente y lo comparto contigo.



Seu 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Esperanza







No me la estás poniendo nada fácil, dijo Darío.
Sentado en el desgastado sofá se parecía más a su padre. Su rostro, demacrado por la enfermedad, lo hacía parecer más viejo, y en su voz se notaba el desaliento de quien comienza a aceptar su final. Sus ojos, que estaban mirando sin ver a lo alto de la pared, se movieron en su órbita, enfocándome, y en ellos vi una súplica.
Me estoy muriendo, hermano.
Lo sé, Darío. Yo también.
Suavemente giró la cabeza, sorprendido, con la interrogación pintada en su gesto. 
Después de cierta edad todos estamos muriendo, solamente que algunos van menos rápido que otros, dije.
Bajó sus párpados, comprensivo.
Darío, pon atención. Qué te gustaría escuchar, interrogué.
Recostó su cabeza y con los ojos cerrados, recitó: Tu enfermedad es curable y con este tratamiento volverás a ser como antes en corto tiempo.......

Algunos hombres no se permiten llorar, y Darío era de esos tipos rudos. Habían transcurrido cuatro años desde que lo diagnosticaron y aún seguía vivo, librando batalla tras batalla y retrocediendo en calidad de vida y aspecto sin entregarse. Pero había llegado el momento en que sabemos que la cuerda está demasiado tensa.
Estoy cansado, dijo.
No entendí si se refería a agotamiento o a que estaba frustrado de luchar contra su condición. Asumí que se refería a ambas razones.
Toda enfermedad es reversible, dije.
Levantó la cabeza y me miró como esperando una explicación. Me pareció distinguir una luz de esperanza en el fondo de sus ojos.
Ahora mismo eso es lo que me sostiene, confesé.
Coño, soltó Darío. Qué es lo que te pasa.
No te inquietes, le adelanté. Vengo bajando escalones desde hace cinco años, pero también he capitalizado un aprendizaje mayor que lo que había aprendido en sesenta años. Ahora veo la vida de otra manera. Algunas vainas dejaron de importarme.
Cómo qué, preguntó.
Como vivir, le respondí. Ya no me aferro. Lo que piensa el mundo me sabe a jabón. Solamente me interesa lo que sienten mis seres queridos.
Pienso lo mismo, dijo Darío. Coño pero, ¿a jabón?
Yo me reí a carcajadas mientras mi amigo mostrando los dientes asentía una y otra vez con su cabeza. En otros tiempos habría soltado lágrimas de tanto carcajearse, pero hoy en día no explotaba de alegría como antes. Sin embargo, el hecho de mostrar los dientes un buen rato mientras yo festejaba su ocurrencia era indicador de que aún le quedaban ánimos.
Es un decir, Darío, un decir.
El hermanazo, así le decíamos, recostó su cabeza nuevamente en el espaldar del sillón y fijando los ojos en el techo me dijo: Háblame sobre eso que dijiste, que las enfermedades son reversibles.
Darío era persona de arraigados conceptos religiosos. Como la mayoría de su entorno, nunca cuestionó las creencias de sus padres y continuó cultivándolas y transmitiéndolas a sus hijos. Por eso, cuando le dije que su salud estaba relacionada con sus sentimientos, y que considerara deshacerse de algunos conceptos y practicar el perdón, su respuesta fue: no me la estás poniendo nada fácil.
Realmente no era nada fácil. Algunos temas no tienen orilla. Solamente la probada y entrañable amistad de tantos años me permitía sugerirle tal cosa.
Hermanazo, empecé. Hace apenas unos años, cinco o seis, por un evento que viví, tuve la corazonada que mi vida estaba próxima a su final. Convencido como estoy que esa fecha está escrita y no puede ser cambiada, me interesé en ordenar mis asuntos para no dejar problemas a mis descendientes. Eso no fue complicado. Después me enfoqué en disolver los resentimientos que he ido albergando en etapas anteriores de mi vida, y amigo, esto sí ha sido cuesta arriba.
Y eso que tiene que ver, interrumpió Darío desde su sofá.
Tiene que ver, Darío, en que nuestros sentimientos repercuten en nuestro cuerpo, y nuestros sentimientos están conectados a aquellos conceptos que hemos aceptado como verdades que rigen nuestra mente y nuestra conducta. Por eso es que no surten efecto tratamientos y más tratamientos que recibimos, pues la causa del mal que nos aqueja no está en nuestro cuerpo sino en conceptos antagónicos que dan lugar a alguna alteración en nuestro estado emocional. Y aunque no estemos conscientes de que tenemos una alteración emocional, igualito sufrimos el efecto del conflicto entre los conceptos. La alteración emocional repercute en la armonía de nuestra materia y ahí viene el desorden.
Darío se quedó mirándome fijamente. Se había separado del espaldar y parecía sopesar la veracidad de mis afirmaciones.
Desde cuando sabes eso, preguntó.
Desde ahorita.
No me jodas, dijo.
¿No ibas a hablarme de que las enfermedades son reversibles?
Precisamente hermano. Son reversibles. Al resolver la alteración emocional el cuerpo recupera su estabilidad.
¿Y entonces, por qué tú no te has curado?
No es que estoy cuestionando lo que dijiste, aclaró. En verdad eso suena bastante lógico y me movió el piso. Es casi lo que quería escuchar, pero creería si viera que estás perfecto. Pero espera. Dijiste que tengo que curar la alteración emocional. ¿Cómo sé cuál es la alteración emocional y cómo la sano?
Me di cuenta que los dos estábamos de pié y nos habíamos desplazado de los asientos.
Espera Darío. Vamos por partes. Vengo trabajando en esto a punta de razonamientos, de reflexiones. De hecho, las conclusiones que se van abriendo como un abanico y dando lugar a otras conclusiones han alborotado mis emociones, o sea, he tenido nuevas alteraciones emocionales, pero agradables la mayoría, he sentido euforia, entusiasmo. Algunas dolencias han desaparecido y también he notado otras nuevas, pero ya mi objetivo no es sanarme de algo en particular, sino que lo que me atrae es entender. ¡Esto me parece fascinante! Doy por hecho que funciona y no ando pendiente de los resultados. Mi estrategia es confrontar mis conceptos y me ha estremecido despedirme de algunos que definitivamente eran un lastre, pero deshacerme de ellos me ha traído una sensación de bienestar. Además estoy lleno de esperanzas. Especialmente me regocija que otras personas puedan beneficiarse de esto.
Darío me hizo señas que lo siguiera y se encaminó hacia la cocina. Allí, con la destreza de quien tiene la práctica, comenzó a preparar un café. Algo en mi amigo había cambiado, me pareció que sus movimientos eran más vivos y en su boca había una tenue sonrisa. El aroma de la infusión inundó el ambiente mientras el hermanazo escogía dos tazas donde servir. Cuando estuvieron llenas chocamos los recipientes y dijo: 
¡Por la sanación de las alteraciones emocionales!

 El viejo Darío estaba de vuelta.
 Luego conversamos de otros tiempos.

Conservo las tazas y el recuerdo de ese brindis.



Seu.

martes, 17 de noviembre de 2015

Fragmentos





Y me preguntó:

¿Qué estás esperando para deshacerte de todo apoyo al mal y entregarte totalmente al bien?................. ¿Acaso ignoras que la manera efectiva de desvanecer el mal es desarrollando el bien?

¿Cuánto tiempo dedicas a la sanación de tu mente?

Si la combinación de elementos de pensamiento que conforma tu mente determina tus decisiones, y tus decisiones son determinantes en el rumbo de tu vida, entonces es obvio que nos conviene tomar acción en seleccionar los conceptos que aceptamos como verdades. Si hay armonía entre los conceptos que habitan en nuestra mente, los resultados serán positivos, más, cuando en la mente conviven elementos antagónicos, y mira que conviven, el rumbo de la vida es incierto e incoherente.

Conviene definir cual es nuestra primera y principal verdad, la piedra angular de nuestra creencia, y a partir de ella tejer todas las demás, desechando todo lo que contradice a la piedra angular.

Mi piedra angular es: Existe un único Dios, un único poder que rige todo lo creado, y es definitivamente perfecto. Por lo tanto su acción es siempre constructiva, armónica, de vida, de salud perfecta, de deleite, de equilibrio, de amor, de entendimiento, de unión, de hermandad, de bien.

Esto conlleva a la conclusión de que, todo aquello que no sea bueno no es creado por Dios, por lo tanto no es real, sino que se origina en el razonamiento que nos permite imaginar, concebir en nuestra mente, cómo sería lo contrario a Dios, o sea, cómo sería la imperfección. Es así como imaginando lo contrario a cada verdad, concebimos la enfermedad, la pobreza, el sufrimiento, el desamor, la tristeza y todas las cosas imperfectas. Pero debemos tener claro que la imperfección pertenece a la nada, no existe. También es cierto que a través del análisis a la imperfección podemos descubrir la verdad y ver al Creador. Todo en nuestra vida cumple un propósito y está en ella para invitarnos a despejar el velo y descubrir la verdad.

Sin embargo, al enfocar constantemente nuestra atención en alguna de estas cosas, dándola por cierta, la alimentamos, la energizamos, y se materializa subsistiendo cual parásito que chupa nuestra energía vital. No es de extrañar pues, que la pérdida de esta energía particular se manifieste en enfermedad, tristeza, desamor, pobreza, etc.,  según sea el parásito que estemos alimentando. Por supuesto que en el mundo físico vamos a conseguir una causa lógica de esta manifestación, pues así funciona el mundo físico. También es obvio que si desvanecemos al parásito, se desvanecen los síntomas que él origina.

Dios único y perfecto como piedra angular de nuestra existencia y conducta no es una propuesta nueva. Más, nueva o antigua, de nada sirve sino la aceptamos y aplicamos.

Seu.

viernes, 16 de octubre de 2015

Remembranza







Se terminó la tarde, hermano, y no llegaste
Angustiado salí a buscarte y no te encontré
Lo que tanto temía se hizo presente
Pero no me rendí y confié en verte de nuevo.

Con la desesperanza en mis ojos
Comencé tempranito a buscarte otra vez
Di instrucciones haciéndome el fuerte
Envié emisarios para hacerte volver.

La noticia de que estabas vivo
Me dio alegría, me llenó de esperanza
Y prometí cuidarte mejor
Pero ya era tarde para detener tu partida.

No supe protegerte hermano, de tu destino
Debí cuidarte como se cuida un niño
Mi niño travieso y disponedor
No estaba en mis manos pero siento el dolor.

Esperé el milagro de tu recuperación
Solo para concluir que te ibas lento
Como se marchita una flor
Como se van las lluvias.

Me dejaste solo cuidando tu vieja
Te vi partir sabiendo que no volverías
No pude llevarte, no tuve el valor
Recuerdo aún esa mañana fría.

Y los días se hicieron largos, se hicieron largos
Y me amargué porque no veía tu sanación
Mentí varias veces para esquivar el dolor
Que no sufra mi vieja, te ruego señor.

No pude consentirte una vez más
Y me endurecí para soportar
Tu fatigosa despedida al fin te venció
Te fuiste hermano, no lo pude evitar.

Quizás vuelva a verte, esperanzas del alma
Quizás podamos vivir, juntos otra vez
Momentos de risas, momentos de calma
Que Dios te bendiga donde quiera que estés.

Veo tu rostro sonriente y sereno
Tu vieja está bien quisiera decirte
Llena sus días queriéndote siempre
Trato de cumplir lo que no me dijiste.

Hoy compuse para ti
Una melodía triste
Para con ella drenar
La nostalgia por tu ausencia.

Abrázame hermano y ahoga mi pena
Nuestra madre una luz encendió para ti
Las notas de mi saxo inundaron el aire
Apagando el sollozo y hablando de ti.

Es puro sentimiento sin palabras ni voz
Es puro llanto de amor con dolor
Que dibuja mi pena y alivia el vacío
Se ha ido mi hermano, mi hijo mayor.



Seu.