martes, 22 de abril de 2014



La visita inesperada




La alegre fiestecita se prolongó hasta más allá de las dos de la madrugada. Todos estábamos animados y habíamos ingerido algo de alcohol. Entre bailes y risas nos sentíamos muy a gusto, sin embargo, ya era hora de descansar. Los invitados comenzaron a despedirse y mi agradable compañía me susurró que no deseaba marcharse. Amorosamente la tomé de la mano y la retuve cerca de mí mientras despedíamos a las otras parejas.
Una vez que se fueron todos, nos instalamos en mi habitación, donde mi dulce catira me brindó la más exquisita noche. Era nuestra primera vez y fue espectacular. Definitivamente estábamos enamorados.
Horas más tarde me desperté cuando ella se marchaba apurada prometiéndome regresar al caer la tarde. Rápidamente me recompuse un poco y la acompañé hasta la puerta deseando que las horas avanzaran velozmente.
Después de despedirla con un beso me dirigí a mi cuarto nuevamente con intención de reponerme del desvelo que había disfrutado la noche anterior. Al entrar noté que mi conquista había olvidado su cartera en mi cama y con cierto placer cerré la puerta y deslicé el seguro  para no ser sorprendido. Inmediatamente, olvidándome del trasnocho, me recosté a curiosear en sus pertenencias y vacié en mi cama el contenido de su cartera. Lo primero que tomé fue su identificación. Era bella, eso es innegable, la foto  así lo demostraba. Entre mis manos estaban sus secretos. Me fascinó saber que era más joven de lo que había pensado, y sin embargo, tan definida, tan clara y tan madura. Era en verdad lo más bello que había llegado a mi vida y me sentía flotando en una sutil fantasía.
Así, absorto estaba, cuando sentí que no estaba solo. Levanté la frente y tropezó mi vista con la alta figura de una mujer de vestir muy sobrio, llevaba una falda más bien larga, por debajo de las rodillas, de color melón obscuro, y una blusa azul grisáceo mate, con mangas largas. El cabello negro, también largo, pendía a su espalda anudado con una trenza del mismo color de la blusa.
Un escalofrío me corrió por la espalda. Su presencia me sobrecogía tanto como su estilo y altura. Mediría  cerca de un metro con noventa centímetros. Pero lo que me intrigaba era como pudo entrar. Estaba convencido de haber activado el seguro. Me levanté sin pronunciar palabra y fui hasta la puerta para confirmar lo que ya sabía. Cuando me volteé, ella se había sentado decentemente en la cama, como quien espera con paciencia la llegada de un tren.
Parado frente a ella, nervioso, pero tratando de no parecer impresionado, le pregunté quien era sólo para recibir la respuesta que temía y que no quería escuchar.
Tú sabes quien soy, me respondió, como sin interés en discutir.
En ese momento me di cuenta de que sabía mi pensamiento antes de que yo terminara de concebirlo.
Definitivamente la muerte vino a buscarme y me llevaba ventaja. Un sentimiento de culpa me invadió mientras mi vida pasaba vertiginosamente en mi mente. Era como si me estaban evaluando y sentí remordimiento por mis fallas. Se me quebró la voz cuando casi llorando le dije: ¡Pero si yo no estoy listo! Pensaba en ese momento en mis hijos aún adolescentes a quienes no veía desde hacía largo tiempo, en mi vida sin definir, en mi obra sin terminar, en tantas cosas por hacer.
Ese no es mi problema, me contestó, esta vez con tono de impaciencia. Su cara se veía como más antipática.
¡Tú no existes! exclamé de pronto, recuperando la compostura, con todos los pelos de mi cuerpo erizados, a sabiendas que mi atrevimiento era un desafío que tendría respuesta violenta.
Para mi sorpresa, sin inmutarse me respondió: Claro que existo, la prueba es que estoy aquí.
¡Tú no existes! exclamé de nuevo defendiéndome, y añadí: ¡No te reconozco, solamente reconozco a Dios Todopoderoso!
El rugido del monstruo azotó mi rostro violentamente mientras sus facciones comenzaban a deformarse tornándose horroroso. Esta vez sí estaba enfurecido.
La visión ante mis ojos era intimidante, mi corazón latía tan apresurado que me sentí en riesgo de que estallara, la piel me dolía de tan erizada y los oídos me zumbaban como si el mundo todo fuera una crisis de caos. No obstante, vi su lado flaco y arremetí sin parar. ¡Tú no existes, no te reconozco, no tienes ningún poder, solamente reconozco a Dios Todopoderoso!
Sin levantarse de la cama el monstruo creció al doble, ya no tenía figura de mujer ni semejanza humana. Sus moléculas se agitaban violentamente como una fuerte tempestad haciéndome sentir presión sobre mi cara a la par que la visión de tan horrorosa se hacía insostenible. Sin tocarme me arrinconó contra la pared. Cerré mis ojos y me sujeté de Dios mientras repetía sin cesar la misma frase con la sensación de que estaba a punto de ser tragado por la muerte. Un ruido intenso como de chillidos de muchos animales parecía querer acallar mi voz mientras yo repetía sin parar. Súbito, oí solamente mi voz, el rugido se había apagado. Lentamente, sin dejar de repetir la frase, comencé a abrir los ojos y vi la cama vacía. Como había llegado se había ido. La odiosa visión ya no estaba más.
De pronto desperté. Fue como si Dios me hubiera sacado de un mundo y me hubiera puesto en otro.Tenía el pulso acelerado como si acabara de detenerme de una larga carrera. Vi que eran las cuatro de la madrugada y di gracias a Dios por la nueva oportunidad. Aunque lamentaba no ver más a mi novia supe valorar la lección que acababa de aprender. El sueño me obligó a cerrar los ojos con temor de que la muerte estuviera en el mismo sitio esperándome. Pero no. El cuarto estaba como lo había dejado, pero aún así los abrí de nuevo. Después de reflexionar un rato, atribuí tan desagradable sueño a la tensión que estaba viviendo en esos días por la deteriorada salud de dos amados miembros de mi familia. Rechacé la incertidumbre de que quizás alguno de ellos estaba falleciendo en ese momento y yo lo había percibido. Acepté lo que El Creador tuviera dispuesto y un rato después concilié el sueño.
 Algunas horas más tarde, cuando aclaró el día, pude confirmar que mis temores fueron infundados, mis parientes estaban vivos. Quien murió fue la muerte. 
La huella de esa lección aún permanece en mí.





Seu.

viernes, 18 de abril de 2014




LA MUERTE NO EXISTE



Lo que Dios ha creado es para siempre.
Venimos a este plano para superarlo y conocer a nuestro Creador.
Te mueres para los que ven que tu cuerpo inerte ya no manifiesta lo que llaman signos vitales, es decir, respiración y palpitación. Antes de que el cuerpo se descomponga seriamente, proceden a aplicarle un retardante para que aguante la ceremonia fúnebre y luego lo entierran o lo incineran. Después no te verán más.
Pero tú no dejas de existir. Simplemente vives la experiencia de que tu cuerpo ya no funciona. Pero tú no eres un cuerpo. El solamente es un recurso que te permite manifestarte en este plano, y al no tenerlo, estás impedido de comunicarte como lo hacías antes. Eso es todo. Pero tú sigues siendo tú. Y sigues estando. Y seguirás viendo lo que tú crees que es la realidad hasta que te des cuenta de que es sólo una ilusión. 
Vemos lo que creemos que es la realidad.
Ciertamente el ser que eres sigue siendo el mismo que siempre ha sido desde que fue creado, nunca cambió y nunca cambiará. Estás hecho de Dios y a su semejanza, y El no cambia, es permanente, eterno. Mientras permanecemos en el plano material creyendo que somos un cuerpo, vemos ocurrir lo que creemos que es normal que ocurra, pero todo es sólo una ilusión. Si no aceptamos que tenemos que envejecer, enfermarnos y morir, no nos enfermamos, no envejecemos y tampoco morimos. Lo natural sería que evolucionáramos hasta la plenitud y permaneciéramos en ese estado hasta que trascendiéramos este plano. Pero nos enseñaron otra cosa. Nos enseñaron una mentira. Eso es lo que nos enseñaron y aceptamos como verdad, por eso lo vemos suceder. Sin embargo no es más que una fantasía, igual a Superman. Si creyéramos en Superman lo veríamos surcando los cielos, así de sencillo. Cuesta creer que hemos sido engañados, pero así es.
Y cuando una persona muere, ve ocurrir lo que cree que tiene que suceder. Si su creencia es que será recibido por una corte celestial, eso es lo que verá.

De todas maneras es una súper maravillosa noticia ésta que nos dice que somos invulnerables y que una vez que conozcamos y entendamos este plano podemos trascender al siguiente sin trauma ni dolor. Pero lo más importante es que ese mundo absurdo que nos ha tocado vivir no es real y lo podemos desvanecer. Cuánto alivio saber que nadie nos ha hecho daño y a nadie hemos perjudicado nunca. Saber que todo lo que hemos vivido es solamente la fraudulenta materialización de aquello que aceptamos como real.
Nuestra misión es reconocer la falsedad de este absurdo mundo y luego enfocarnos en la aceptación de Dios perfecto y todo poderoso. A fuerza de insistir en esto, al no ser alimentado, el mundo falso no tendrá sustento y se desvanecerá, más temprano que tarde. Cuando nos dicen que tenemos que salvar el mundo no nos hablan de protegerlo de algún riesgo mayor. Salvar el mundo significa superar la prueba que él representa. Descubrir el gran engaño y desvanecerlo al confrontarlo con la Verdad. Cuando comenzamos a mirarlo conscientes de lo que es, él deja de tener poder sobre nosotros. Cuesta aceptar el fraude, cuesta aceptar que hemos sido engañados durante tanto tiempo, inocentemente. Nos damos cuenta de la fragilidad de nuestra mente y percepción. Cuesta creerlo. Pero la prueba es tan evidente que comenzamos a soltarlo. Al comienzo lloramos por nuestro verdugo, pero llega el momento en que él ya no encuentra de donde asirse a nosotros y se lo lleva el viento de la Verdad.
La obra de Dios es perfecta, por lo tanto el mundo no es obra de El. Tu mundo es el reflejo de lo que aceptaste como verdad. Es un engaño muy bien manufacturado, pero con pistas. Por eso es frecuente reaccionar diciendo: ¡Dios mío, cómo puede existir gente así!, o, ¡Dios mío, cómo pueden suceder estas cosas!
Algunas veces tratamos de comunicarnos con Dios y le preguntamos por qué permite ciertos hechos que a nuestro juicio ya es demasiada injusticia, pero siguiendo la línea que nos han marcado, tememos estar cuestionando al Creador y nos respondemos que El sabe lo que está haciendo.
 Claramente nos damos cuenta que la perfección y la bondad del Creador no encajan con tanta desgracia y sufrimiento, vemos nítidamente que algo no anda bien, pero siguiendo el camino de obediencia que nos marcaron optamos por cerrar los ojos. Pero un día despertamos para amar al Dios verdadero que nunca nos falla.
Y hasta ahí llegaste mundo absurdo.




Seu.






martes, 11 de marzo de 2014

Carta que habla sobre mí







Seu me conoce. Es mi amigo.
 Escribe para mí, para enseñarme. Lo redacta de una manera que puede ser útil también para otras personas porque son verdades fundamentadas en la razón, no en creencias ni en fe.
 Seu no tiene los peos que yo tengo.
 El no busca amor en otra persona porque ya tiene el amor que necesita, tampoco tiene que buscar ingresos para mantenerse pues lo tiene todo. No lucha contra el tiempo ni contra la edad.
 El no me gobierna, simplemente me orienta.
 Analizándolo a él llegas a él, no a mí.
 El alumbra el camino para sacarme de la obscuridad, gracias a su ayuda aún permanezco cuerdo y se lo agradezco.
 Cuando lo llamo, generalmente aparece y me ayuda, en ocasiones viene sin que lo llame.
 Y sabe que cuando alguien está en medio de una crisis lo que necesita no es alguien que diga yo te lo dije, necesita es alguien que en silencio le abrace y oiga su lamento, lo que llaman un hombro sobre el cual llorar.
 Alguna que otra vez me ha regañado y me ha hecho recobrar la compostura.
En tiempos pasados, llegó a verme sumamente enojado, fuera de mí. En esas ocasiones siempre permaneció en silencio, observándome sin ningún gesto de desaprobación. Eso sí, adivinaba el momento exacto en que me serenaba completamente y estaba listo para escuchar. Pero no me hablaba del tema, sino de la esperanza. Así, me enseñó a aceptarme con mis errores y defectos, me enseñó a recoger los pedazos y empezar de nuevo, me enseñó a enfrentar las consecuencias, y me enseñó a aceptarlas, a superarlas y a superarme. Gracias a él he logrado entenderme y cambiar para mejorar.
 No ha sido fácil seguirle el paso, afortunadamente, cuando me retraso demasiado, me hace señas pacientemente.
 En algunas ocasiones, de manera desagradecida, al tener nueva compañía lo olvidé completamente, y luego, cuando estuve solo y abatido, con la cabeza gacha y mirando al piso, vi sus pies frente a mi. Al levantar la vista, ahí estaba, en silencio, con cara de pésame. Después, en el momento justo, una media sonrisa y un gesto de vámonos. Salgamos de aquí.
 Hoy en día me ayuda a manejar algunas carencias, alguna soledad o alguna frustración.
 Cuando me asalta alguna tristeza siempre aparece para cantar conmigo. Y siempre termino aprendiendo una vieja canción que cantamos y cantamos. Primero con lágrimas abundantes. Cuando ya puedo cantarla sonriendo y me duelen los dedos, cuelga la guitarra y se va.
 Una noche ya tarde, cuando estaba en la puerta para irse, le pregunté con tono de agradecimiento: Cuando es un amigo tuyo que no tiene guitarra, ¿Cómo haces?
 ¡Bebemos!, me dijo.

miércoles, 26 de febrero de 2014








APRENDIZAJE



Mi propia vida es mi mayor mentira, y ahora que descubrí su falsedad, comienza a desmoronarse como una estatua  de sal en medio de la lluvia, mientras yo permanezco erguido y comienzo a brillar como una nueva estrella en el firmamento.
Cuando el agua haya terminado de barrer el último vestigio de mentira, edificaré un nuevo escenario de verdad donde reinará la coherencia y el amor.
La verdad me hace libre.



Seu.

lunes, 24 de febrero de 2014

PRESENTIMIENTO





Nuevamente se hace presente la sensación de que debo comenzar a despedirme de este mundo, de este absurdo y decepcionante mundo. Entiendo que es normal sentir así cada vez que descubro una mentira más de este escenario que llamamos mundo. En la medida que voy conociendo a personas que durante años he creído cuerdas, me voy dando cuenta de que parecen personajes de una película de terror. Pero ya no me sorprende. Ya no causa en mí los devastadores efectos que antes sufría. Ahora llego a reírme del intento de impresionarme que hacen algunos personajes. Y digo personajes porque son simplemente parte de una burda escenografía que pretende convencerme de la existencia real de un mundo imperfecto. Algunas veces sus actuaciones son tan evidentemente falsas que rayan en la bufonada. Es un mundo irreal, ilusorio, que durante años me mantuvo cautivo de su credibilidad. Aunque siempre tenía la sensación de que algo no encajaba, de que debía haber una explicación satisfactoria para tanta desarmonía. Y comencé a dudar de la veracidad de lo que percibía a través de mis ojos.
Por eso siento que me queda cada vez menos que compartir con este mundo absurdo. Pero no porque yo piense en irme. No. Yo soy de verdad. Ante mis ojos el falso mundo ha comenzado a fragmentarse y adivino que comenzará a desvanecerse así como se disipa el humo cuando sopla la brisa. Hace desesperados intentos de impresionarme para ganarme de nuevo, pero solamente logra el ridículo. Sus mentiras son tan pesadas que no existen fundamentos que puedan sostenerlas. Por eso siento que debo comenzar a despedirme, debo comenzar a aceptar que este mundo poco a poco o quizás más pronto de lo que imagino va a desaparecer, y como quiera que sea, después de tantos años he llegado a encariñarme con algunas imágenes que temo extrañar aún sabiendo que son falsas. Porque el hecho de que sean falsas no quiere decir que algunas no tengan un lado dulce, al contrario, esos aspectos son los que les dan credibilidad y hacen difícil aceptar desprenderse de ellas y es así como alimentamos la manifestación de un mundo inexistente. Pero también, después que descubres el engaño, por razón de causa y efecto comienzas a soltarla.
Cada vez que descubres alguna incoherencia en el mundo, sientes como que se desata una de las cuerdas mediante las cuales el mundo está atado a ti. Inmediatamente se produce una reacción en cadena y se rompen otras cuerdas vecinas de la primera. El mundo trata de ganarte de nuevo y hasta te hace caritas y pucheros, pero cómo volver a creerle a quien te ha mentido de manera tan descarada. 
Una vez que logras confirmar que debajo de tantas mentiras permanece un brillante y perfecto mundo real pleno de amor y armonía, ya el viejo y absurdo mundo pierde atractivo, pues tu atención y entusiasmo está enfocado en recibir las bendiciones que te ofrece el mundo verdadero.
De manera que si percibes que entre tú y yo la distancia comienza a acentuarse a un ritmo creciente, es que seguramente formas parte de ese mundo falso y no eres real. Lo siento, ha llegado la hora de despedirnos.

Seu.

domingo, 23 de febrero de 2014

MAESTROS DEL BARRO




No tengas miedo de la vida, no tengas miedo de lo que estás viviendo.
Para salir del barro tienes que conocerlo completamente, vivirlo y dominarlo. Cuando lo domines sentirás satisfacción de desenvolverte dentro de él y él no podrá afectarte, disfrutarás dominándolo y podrás salir de él cuando tu quieras, podrás entrar y salir a tu antojo, sin miedo, pleno de la seguridad que da el conocimiento completo sobre algo. Entonces serás un maestro del barro y podrás enseñar a otros lo que es el barro y como dominarlo, como sacarle provecho, podrás enseñarlos a salir del barro y los convertirás en maestros del barro también.
Es así como se forma un verdadero maestro. Aprendiendo en carne propia. Si alguien viene a ti presa de angustia, pidiendo tu apoyo y orientación para superar ese sufrimiento, ¿Cómo podrías ayudarlo si no eres un maestro que domina toda angustia? Si alguien viene a ti manifestando sufrimiento por alguna enfermedad, ¿Cómo podrías ayudarlo si no eres maestro sobre toda enfermedad?
Entonces no tengas miedo del sufrimiento de lo que vives ahora. Esa vivencia sirve para hacerte despertar a la verdad. Es como alguien que sufre de una enfermedad y la dolencia lo obliga a probar un remedio tras otro, buscando la cura. Va descubriendo lo que no resulta y en algún momento, cuando ya se ha hecho presente la desesperación que acompaña a todo problema de larga data sin resolver, en el momento en que está reventándose la cuerda de nuestra resistencia, cuando desistimos de continuar defendiéndonos, es cuando verdaderamente nos estamos haciendo un favor. Realmente comienza a aparecer, sutilmente y sin anunciarse, el comienzo del entendimiento del mal que nos ataca.
Entonces se disfruta revirtiendo la condición.
Resulta que mientras estamos empeñados en resolver por nosotros mismos aplicando nuestras acciones mortales, en realidad estamos cerrando las entradas a la Fuente que nos da la vida. Tenemos activados nuestros conceptos errados negando el origen de toda vida. En el preciso momento en que nos rendimos, en el preciso momento en que manifestamos de corazón nuestra decisión de no hacer nada más para resolver la condición, apagamos nuestra batería de pocos voltios y entonces se activa el sistema de la Fuente de toda vida, se abren todas las posibilidades y la energía verdadera y perfecta fluye a través del canal más a propósito comenzando a revertir la condición que nos está afectando.
Sin saberlo dejamos el camino libre para que Dios actúe.
Si en ese momento nos percatamos de que éramos nosotros mismos con nuestros conceptos quienes no dejábamos que la Santa Fuente fluyera y desvaneciera la indeseada condición, que con nuestra soberbia de creer que sabemos gobernar la vida hemos estado negando que lo que Dios ha creado es perfecto y no se descompone, que cuando nos declaramos incompetentes y aceptamos que FLUYA LA VOLUNTAD DE DIOS se abren todas la puertas  para que entre la solución pertinente, entonces ha valido la pena el aprendizaje, pues nos daremos cuenta que aunque manifieste diferentes caras, toda incomodidad, todo sufrimiento, todo problema de cualquier índole, es el mismo barro, y siempre la solución es la misma. Apagar nuestra intervención y aceptar que Dios fluya en nuestra vida lavando la mentira que le hemos adjudicado a lo que El ha creado.
Podría decirse que Dios es dramático en su estilo de enseñarnos y desarrollarnos como maestros de la vida, pero es evidente que viviendo la experiencia en carne propia adquirimos un rotundo aprendizaje que será permanente. También es cierto que NO es imprescindible que vivamos todos los males. En alguno de tantos despertaremos y nos percataremos de la sencilla mecánica de la vida. De ahí en adelante iremos aplicando lo aprendido en todos los aspectos de nuestra existencia y nos consolidaremos como verdaderos maestros que pueden ayudar a todo aquél que solicita el  conocimiento que los saca del barro.
Así que no tengas miedo de lo que estás viviendo, es solamente una materia en el aprendizaje para graduarte como maestro del barro.
En conclusión, acepta la Voluntad de Dios y deja que fluya confiando totalmente en El. Su corriente te llevará protegido por el camino y las vivencias que te convienen para formarte. Tu único enemigo es el miedo que te hace desconfiar de El y su Santo propósito.


Seu.

jueves, 14 de noviembre de 2013

LA PROFECÍA


Los Diez Mandamientos contienen una visión de como será el comportamiento del individuo cuando haya comprendido la naturaleza de El Creador.
Disfrutaremos de una calidad de vida donde será permanente la armonía entre todos los factores que integran el Universo.
La experiencia de vivir será una constante complacencia en el amor y el compartir. Habremos vencido la falsa ilusión del tiempo, del sufrimiento, de la enfermedad y de la muerte. 
No experimentaremos nunca más la separación. Seremos uno con Dios, con todo lo que existe.
En el camino hacia la perfección presenciaremos el Milagro de ver como se deshacen los entuertos que nos angustiaban, en la misma medida que reconocemos único poder y existencia a Dios Creador del Universo.
Mantengámonos alerta y conscientes de que todo lo que contradice la perfección de Dios es falso. Lo vemos porque creemos en él. Lo imperfecto vive de la energía que le regalamos al creer que es verdadero, pero al desenmascararlo se deshace.
Es por esa razón que no debemos atacar lo imperfecto que vemos, pues esto no es otra cosa que un reflejo de lo que habita en nosotros. Es proyección de aquel concepto que hemos aceptado como realidad.


Seu.