lunes, 23 de noviembre de 2015

Esperanza







No me la estás poniendo nada fácil, dijo Darío.
Sentado en el desgastado sofá se parecía más a su padre. Su rostro, demacrado por la enfermedad, lo hacía parecer más viejo, y en su voz se notaba el desaliento de quien comienza a aceptar su final. Sus ojos, que estaban mirando sin ver a lo alto de la pared, se movieron en su órbita, enfocándome, y en ellos vi una súplica.
Me estoy muriendo, hermano.
Lo sé, Darío. Yo también.
Suavemente giró la cabeza, sorprendido, con la interrogación pintada en su gesto. 
Después de cierta edad todos estamos muriendo, solamente que algunos van menos rápido que otros, dije.
Bajó sus párpados, comprensivo.
Darío, pon atención. Qué te gustaría escuchar, interrogué.
Recostó su cabeza y con los ojos cerrados, recitó: Tu enfermedad es curable y con este tratamiento volverás a ser como antes en corto tiempo.......

Algunos hombres no se permiten llorar, y Darío era de esos tipos rudos. Habían transcurrido cuatro años desde que lo diagnosticaron y aún seguía vivo, librando batalla tras batalla y retrocediendo en calidad de vida y aspecto sin entregarse. Pero había llegado el momento en que sabemos que la cuerda está demasiado tensa.
Estoy cansado, dijo.
No entendí si se refería a agotamiento o a que estaba frustrado de luchar contra su condición. Asumí que se refería a ambas razones.
Toda enfermedad es reversible, dije.
Levantó la cabeza y me miró como esperando una explicación. Me pareció distinguir una luz de esperanza en el fondo de sus ojos.
Ahora mismo eso es lo que me sostiene, confesé.
Coño, soltó Darío. Qué es lo que te pasa.
No te inquietes, le adelanté. Vengo bajando escalones desde hace cinco años, pero también he capitalizado un aprendizaje mayor que lo que había aprendido en sesenta años. Ahora veo la vida de otra manera. Algunas vainas dejaron de importarme.
Cómo qué, preguntó.
Como vivir, le respondí. Ya no me aferro. Lo que piensa el mundo me sabe a jabón. Solamente me interesa lo que sienten mis seres queridos.
Pienso lo mismo, dijo Darío. Coño pero, ¿a jabón?
Yo me reí a carcajadas mientras mi amigo mostrando los dientes asentía una y otra vez con su cabeza. En otros tiempos habría soltado lágrimas de tanto carcajearse, pero hoy en día no explotaba de alegría como antes. Sin embargo, el hecho de mostrar los dientes un buen rato mientras yo festejaba su ocurrencia era indicador de que aún le quedaban ánimos.
Es un decir, Darío, un decir.
El hermanazo, así le decíamos, recostó su cabeza nuevamente en el espaldar del sillón y fijando los ojos en el techo me dijo: Háblame sobre eso que dijiste, que las enfermedades son reversibles.
Darío era persona de arraigados conceptos religiosos. Como la mayoría de su entorno, nunca cuestionó las creencias de sus padres y continuó cultivándolas y transmitiéndolas a sus hijos. Por eso, cuando le dije que su salud estaba relacionada con sus sentimientos, y que considerara deshacerse de algunos conceptos y practicar el perdón, su respuesta fue: no me la estás poniendo nada fácil.
Realmente no era nada fácil. Algunos temas no tienen orilla. Solamente la probada y entrañable amistad de tantos años me permitía sugerirle tal cosa.
Hermanazo, empecé. Hace apenas unos años, cinco o seis, por un evento que viví, tuve la corazonada que mi vida estaba próxima a su final. Convencido como estoy que esa fecha está escrita y no puede ser cambiada, me interesé en ordenar mis asuntos para no dejar problemas a mis descendientes. Eso no fue complicado. Después me enfoqué en disolver los resentimientos que he ido albergando en etapas anteriores de mi vida, y amigo, esto sí ha sido cuesta arriba.
Y eso que tiene que ver, interrumpió Darío desde su sofá.
Tiene que ver, Darío, en que nuestros sentimientos repercuten en nuestro cuerpo, y nuestros sentimientos están conectados a aquellos conceptos que hemos aceptado como verdades que rigen nuestra mente y nuestra conducta. Por eso es que no surten efecto tratamientos y más tratamientos que recibimos, pues la causa del mal que nos aqueja no está en nuestro cuerpo sino en conceptos antagónicos que dan lugar a alguna alteración en nuestro estado emocional. Y aunque no estemos conscientes de que tenemos una alteración emocional, igualito sufrimos el efecto del conflicto entre los conceptos. La alteración emocional repercute en la armonía de nuestra materia y ahí viene el desorden.
Darío se quedó mirándome fijamente. Se había separado del espaldar y parecía sopesar la veracidad de mis afirmaciones.
Desde cuando sabes eso, preguntó.
Desde ahorita.
No me jodas, dijo.
¿No ibas a hablarme de que las enfermedades son reversibles?
Precisamente hermano. Son reversibles. Al resolver la alteración emocional el cuerpo recupera su estabilidad.
¿Y entonces, por qué tú no te has curado?
No es que estoy cuestionando lo que dijiste, aclaró. En verdad eso suena bastante lógico y me movió el piso. Es casi lo que quería escuchar, pero creería si viera que estás perfecto. Pero espera. Dijiste que tengo que curar la alteración emocional. ¿Cómo sé cuál es la alteración emocional y cómo la sano?
Me di cuenta que los dos estábamos de pié y nos habíamos desplazado de los asientos.
Espera Darío. Vamos por partes. Vengo trabajando en esto a punta de razonamientos, de reflexiones. De hecho, las conclusiones que se van abriendo como un abanico y dando lugar a otras conclusiones han alborotado mis emociones, o sea, he tenido nuevas alteraciones emocionales, pero agradables la mayoría, he sentido euforia, entusiasmo. Algunas dolencias han desaparecido y también he notado otras nuevas, pero ya mi objetivo no es sanarme de algo en particular, sino que lo que me atrae es entender. ¡Esto me parece fascinante! Doy por hecho que funciona y no ando pendiente de los resultados. Mi estrategia es confrontar mis conceptos y me ha estremecido despedirme de algunos que definitivamente eran un lastre, pero deshacerme de ellos me ha traído una sensación de bienestar. Además estoy lleno de esperanzas. Especialmente me regocija que otras personas puedan beneficiarse de esto.
Darío me hizo señas que lo siguiera y se encaminó hacia la cocina. Allí, con la destreza de quien tiene la práctica, comenzó a preparar un café. Algo en mi amigo había cambiado, me pareció que sus movimientos eran más vivos y en su boca había una tenue sonrisa. El aroma de la infusión inundó el ambiente mientras el hermanazo escogía dos tazas donde servir. Cuando estuvieron llenas chocamos los recipientes y dijo: ¡Por la sanación de las alteraciones emocionales! El viejo Darío estaba de vuelta. Luego conversamos de otros tiempos.
Conservo las tazas y el recuerdo de ese brindis.



Seu.

martes, 17 de noviembre de 2015

Fragmentos





Y me preguntó:

¿Qué estás esperando para deshacerte de todo apoyo al mal y entregarte totalmente al bien?................. ¿Acaso ignoras que la manera efectiva de desvanecer el mal es desarrollando el bien?

¿Cuánto tiempo dedicas a la sanación de tu mente?

Si la combinación de elementos de pensamiento que conforma tu mente determina tus decisiones, y tus decisiones son determinantes en el rumbo de tu vida, entonces es obvio que nos conviene tomar acción en seleccionar los conceptos que aceptamos como verdades. Si hay armonía entre los conceptos que habitan en nuestra mente, los resultados serán positivos, más, cuando en la mente conviven elementos antagónicos, y mira que conviven, el rumbo de la vida es incierto e incoherente.

Conviene definir cual es nuestra primera y principal verdad, la piedra angular de nuestra creencia, y a partir de ella tejer todas las demás, desechando todo lo que contradice a la piedra angular.

Mi piedra angular es: Existe un único Dios, un único poder que rige todo lo creado, y es definitivamente perfecto. Por lo tanto su acción es siempre constructiva, armónica, de vida, de salud perfecta, de deleite, de equilibrio, de amor, de entendimiento, de unión, de hermandad, de bien.

Esto conlleva a la conclusión de que, todo aquello que no sea bueno no es creado por Dios, por lo tanto no es real, sino que se origina en el razonamiento que nos permite imaginar, concebir en nuestra mente, cómo sería lo contrario a Dios, o sea, cómo sería la imperfección. Es así como imaginando lo contrario a cada verdad, concebimos la enfermedad, la pobreza, el sufrimiento, el desamor, la tristeza y todas las cosas imperfectas. Pero debemos tener claro que la imperfección pertenece a la nada, no existe. También es cierto que a través del análisis a la imperfección podemos descubrir la verdad y ver al Creador. Todo en nuestra vida cumple un propósito y está en ella para invitarnos a despejar el velo y descubrir la verdad.

Sin embargo, al enfocar constantemente nuestra atención en alguna de estas cosas, dándola por cierta, la alimentamos, la energizamos, y se materializa subsistiendo cual parásito que chupa nuestra energía vital. No es de extrañar pues, que la pérdida de esta energía particular se manifieste en enfermedad, tristeza, desamor, pobreza, etc.,  según sea el parásito que estemos alimentando. Por supuesto que en el mundo físico vamos a conseguir una causa lógica de esta manifestación, pues así funciona el mundo físico. También es obvio que si desvanecemos al parásito, se desvanecen los síntomas que él origina.

Dios único y perfecto como piedra angular de nuestra existencia y conducta no es una propuesta nueva. Más, nueva o antigua, de nada sirve sino la aceptamos y aplicamos.

Seu.

viernes, 16 de octubre de 2015

Remembranza







Se terminó la tarde, hermano, y no llegaste
Angustiado salí a buscarte y no te encontré
Lo que tanto temía se hizo presente
Pero no me rendí y confié en verte de nuevo.

Con la desesperanza en mis ojos
Comencé tempranito a buscarte otra vez
Di instrucciones haciéndome el fuerte
Envié emisarios para hacerte volver.

La noticia de que estabas vivo
Me dio alegría, me llenó de esperanza
Y prometí cuidarte mejor
Pero ya era tarde para detener tu partida.

No supe protegerte hermano, de tu destino
Debí cuidarte como se cuida un niño
Mi niño travieso y disponedor
No estaba en mis manos pero siento el dolor.

Esperé el milagro de tu recuperación
Solo para concluir que te ibas lento
Como se marchita una flor
Como se van las lluvias.

Me dejaste solo cuidando tu vieja
Te vi partir sabiendo que no volverías
No pude llevarte, no tuve el valor
Recuerdo aún esa mañana fría.

Y los días se hicieron largos, se hicieron largos
Y me amargué porque no veía tu sanación
Mentí varias veces para esquivar el dolor
Que no sufra mi vieja, te ruego señor.

No pude consentirte una vez más
Y me endurecí para soportar
Tu fatigosa despedida al fin te venció
Te fuiste hermano, no lo pude evitar.

Quizás vuelva a verte, esperanzas del alma
Quizás podamos vivir, juntos otra vez
Momentos de risas, momentos de calma
Que Dios te bendiga donde quiera que estés.

Veo tu rostro sonriente y sereno
Tu vieja está bien quisiera decirte
Llena sus días queriéndote siempre
Trato de cumplir lo que no me dijiste.

Hoy compuse para ti
Una melodía triste
Para con ella drenar
La nostalgia por tu ausencia.

Abrázame hermano y ahoga mi pena
Nuestra madre una luz encendió para ti
Las notas de mi saxo inundaron el aire
Apagando el sollozo y hablando de ti.

Es puro sentimiento sin palabras ni voz
Es puro llanto de amor con dolor
Que dibuja mi pena y alivia el vacío
Se ha ido mi hermano, mi hijo mayor.



Seu. 

Los Ciclos






La vida, sea de una persona o de un colectivo pequeño, mediano o grande, está compuesta de Ciclos. Como todo en esta vida, éstos constan de un comienzo, un desarrollo y un final, y son inexorables. Si intentamos impedir que comiencen, sufrimos las consecuencias y nos apartan de su camino. Tratar de entorpecer su desarrollo es en vano, pues están programados con la vida, y nos lo hacen pagar caro. Tampoco tenemos el menor éxito al querer impedir su fase de cierre, aunque podemos quedarnos anclados en el sufrimiento, igual como se queda una persona en el muelle viendo como se aleja el barco de su esperanza, pues la vida misma se asegura de que nadie desbarate sus planes.
 Así como no podemos impedir su inicio, tampoco podemos adelantar su comienzo. Es cuando es y no podemos interferir. Creer que podemos es simplemente una ilusión.

Durante el transcurso de nuestra vida vivimos al mismo tiempo diferentes Ciclos que suelen estar intensamente relacionados. Algunos son parte de una serie y otros son únicos. Eso sí, no se repiten, pero hasta que hayan cumplido su objetivo suelen presentarse una y otra vez con diferente apariencia, pero igual en esencia. Siempre tienen consecuencia aunque no la identifiquemos de inmediato y algunas vienen a ser entendidas al cabo de varios años.

De ninguna manera debemos temerles, pues ellos son la vida misma, y su propósito es el beneficio de quien los vive. Sin embargo, por no saberlo, comúnmente nos resistimos a su desarrollo y somos arrastrados por su fuerza.

Así es que, hermano, dejemos que la vida transcurra, que los Ciclos nuevos abran y se cierren los viejos, pongamos el punto final a lo que nos atañe y nunca nos anticipemos a vivir el día que no ha llegado aún. Lo que ha de ser será, estemos de acuerdo o no, y lo que no será nunca llegará. Pero siempre para nuestro bien. Si estamos en el invierno disfrutemos del frío y no tratemos de detener el curso de lo que nos toca vivir para nuestro crecimiento, antes bien, abriguémonos y recibamos el beneficio inherente.

Realmente hemos sido bendecidos con la vida, estemos o no conscientes de esto.



Seu.

Reflexión





Realmente quiero hablar de la vida.

Y no de la muerte, pues la muerte no existe.

Cuando abandonamos nuestro cuerpo simplemente estamos experimentando un cambio al nivel superior que nos conviene en nuestro aprendizaje. Y ese cambio nunca será antes o después del momento que escogió especialmente para nosotros Quien nos dio la vida. Cuando terminamos un ciclo de aprendizaje es natural que avancemos al siguiente nivel, por lo tanto no debemos ponernos aprensivos por la expectativa del cambio, pues éste siempre será favorable para todos, dada cuenta que es parte del perfecto plan del Creador para todo un grupo. Por otra parte, no debemos sacar conclusiones partiendo de nuestra condición, pues la vida es una sorpresa y nuestra atención es mejor aprovechada si nos enfocamos en bendecir y disfrutar la oportunidad de vida de cada día, de cada momento.

Sin embargo, es comprensible que nos angustiemos ante el futuro. Esta angustia es consecuencia de que hemos estado creyendo que nosotros somos hacedores de vida y cada vez que vemos que no tenemos control sobre ella nos invade la incertidumbre. Es el momento de reflexionar. Nunca hemos tenido control sobre nuestra vida, eso simplemente ha sido una ilusión que en ocasiones nos ha hecho sentir orgullosos al creer que hemos realizado algo. La Verdad es que el Creador amorosamente siempre ha estado a cargo de todo, pero no improvisando diariamente ni cambiando el rumbo según las peticiones de los humanos. El plan de nuestra vida particular y de nuestros grupos más íntimos hasta el más colectivo, como familias, comunidades, países, especies, fue diseñado en su más mínimo detalle y está estructurado con tal perfección que no es necesario corregir absolutamente nada. Estamos hablando de la obra del Ser Supremo, el que no se equivoca.

Fuimos escogidos para esta experiencia que llamamos vida para vivirla, no para diseñarla. Es un curso de ascenso que prepararon especialmente para nosotros. Tal como si nos hubieran escogido para disfrutar un plan vacacional donde nos suministrarán todo según lo vayamos necesitando y de acuerdo al desarrollo de un plan sorpresa que fue ideado para nuestro crecimiento positivo.
Hasta estas líneas que estoy escribiendo no vienen de mí sino de quien dirige la vida. Pero en fin, es parte de nuestra experiencia de vida conocer la vanidad y tener la ilusión de que somos dueños de algo. Luego descubrimos la Verdad, cada quien en el momento más conveniente según el plan que le escogieron.

No temamos hermanos, porque no hay ninguna razón para temer. Todo ha sido cuidadosamente planificado para nuestro bien, para nuestra evolución. Si estas palabras están llegando a ti en este momento es porque es en este momento cuando debías recibirlas. Siempre lo que ha sucedido es lo mejor que debía suceder, y lo que sucederá será como tiene que ser. Si algo tenemos que experimentar es porque es lo mejor para nuestra evolución. Pero todos los detalles han sido cuidadosamente calibrados para nuestra vivencia, no te angusties. Simplemente vive la vida, las vivencias que te trae cada día, pues las soluciones vienen implícitas en ellas.

El Creador siempre vive en nosotros, pues siendo El la vida, al darnos la vida se está dando a sí mismo. De manera que no hay posibilidad de alejarnos de El. También es cierto que la vida no está limitada a nuestro cuerpo. La carne es simplemente el vehículo que nos asignaron para transitar en ciertas condiciones nuestras vivencias. Una vez que culminamos nuestro ciclo avanzamos al siguiente ciclo de vida, quiero decir, la vida continúa, Dios continúa. Todo está perfectamente dispuesto para recibirnos en nuestra nueva etapa cuando llegue ese momento. No nos anticipemos a cruzar un puente hasta que hayamos llegado frente a ese puente. No hay nada que temer.

De manera, querido hermano, que transita tu vivencia sin aprensión, sin angustias, pues las soluciones a todas las circunstancias siempre han estado ahí anticipadamente y cada quien vivirá solamente lo que le conviene vivir para su crecimiento.

Regocíjate.

Confía en Dios.




Seu.

El Genio




                                   

Siempre me fascinó la narración sobre el genio de la lámpara maravillosa. Y un día, un día descubrí que es realidad. Descubrí que el genio existe y que es aún mejor que el de la narración. Mucho mejor.
Encontré que es una verdad oculta en un cuento, o por lo menos es una verdad fascinante y reconfortante que guarda parecido con un bonito cuento.
 Les cuento: El genio es una criatura maravillosa que está a mi servicio incondicionalmente. Si, así es. Y su razón de ser es complacerme. No hay deseo o petición que él no pueda concederme mientras no contradiga la esencia de mi destino. Pero la responsabilidad de lo que suceda, es decir, las consecuencias, son mías. Por eso debo tener suficiente madurez para definir lo que le pido. Esencialmente, debo solicitar lo que quiero con el corazón enfocado en el Bien.
Si bien es cierto que nunca puede negarse a concederme lo que le pido, no es menos cierto que siempre siempre me concederá lo que yo creo que él puede concederme. O sea, su capacidad para complacer mis deseos es proporcional a lo que yo pienso de él. Cuando formulo un deseo, éste me será concedido si yo estoy convencido de que el genio existe y de que tiene el poder de materializar mi solicitud con solo decir Sí. En caso de que exprese un deseo con la convicción de que es muy difícil que me sea concedido, se manifestará esto último, pues estoy dudando del poder del genio. En cambio, cuando digo lo que quiero sin hacer cálculos económicos ni número de probabilidades, el deseo se materializa, generalmente, mucho mejor que como lo expresé. Esto es porque no hubo dudas que entorpecieran la realización de mi deseo.
Fíjense que es verdad que el genio vive en una lámpara maravillosa. Por eso digo que el cuento contiene una fascinante verdad disimulada en una narración fantasiosa. Observen que la lámpara donde vive el genio estuvo olvidada como objeto obsoleto en un depósito de cosas viejas. Pero sigue siendo una lámpara útil para quien se tome la molestia de activarla. Sí, de activarla. Aladino, que así se llama el personaje del cuento, se interesa en ella al encontrarla en una habitación llena de trastos viejos y cubiertos de polvo. Su personalidad sencilla e inocente es cautivada por aquella vieja lámpara que siempre ha estado ahí, abandonada, pues, hasta ahora, nadie le ha dado valor. Sin embargo Aladino, en su sencillez, la ve hermosa, y valora su capacidad de darle iluminación, luz. Cree en ella. Agradece que se la donen como parte de su pago por limpiar aquél salón de trastos viejos y al llegar a su humilde vivienda se esmera en pulirla. Fue tanto su empeño en darle brillo que despertó al genio que dormía en ella. Pero no pierdan de vista la metáfora. La vieja lámpara que siempre estuvo ahí, olvidada y subestimada, no es otra cosa que nuestra cabeza, a la que, si le damos el cuidado adecuado (pulirla), con sencillez e inocencia de corazón, despertaremos el genio que vive en ella. Ni más ni menos. Y este genio tiene poder ilimitado para materializar todo lo que yo conciba como posible.
Hemos llevado la lámpara sobre nuestros hombros durante años sin darle su justo valor. Y, aún más, el genio siempre ha vivido ahí. Forma parte de nosotros. Insisto, forma parte de nosotros. Y como dije antes, su razón de ser es complacer nuestros deseos. Pero claro, no sabíamos que nuestra cabeza es mágica fuente de luz y menos que alberga a un poderoso genio que está a nuestro servicio. Es cierto que parece una fantasía. Es demasiado bella esta verdad para que la aceptemos de buenas a primeras, nosotros, que nos hemos curado de espantos a fuerza de que nos enseñaran que a la vida venimos para sufrir frustraciones y burlas.
Pero el genio está ahí. Y tiene poder.
Cada vez que expresamos un deseo, el genio dice Sí. Inmediatamente el universo comienza a organizarse para materializar eso que pedimos y así se cumplirá, salvo que manifestemos una afirmación en contrario. Por eso debemos ser cuidadosos con lo que pedimos o afirmamos pues no podremos esquivar las consecuencias  derivadas de la materialización de lo que ordenamos.




Seu.

La importancia del Primer Mandamiento





La importancia del Primer Mandamiento está en que de él se derivan todas tus vivencias. La aceptación de este mandamiento implica una filosofía de vida.
 Me explico:

Aceptar definitivamente que existe un ser supremo que es perfecto y de quien depende todo, es tomar una posición, una actitud ante la vida.
Un ser supremo que es único y perfecto es nada más y nada menos que el Dios del Bien. Si el Dios del bien está a cargo y es el único que toma decisiones sobre todo lo que existe y que él mismo ha creado, todo debe marchar sobre ruedas. Todo debe salir bien.
Si aceptamos que existe este ser supremo y que es de esta manera, entonces no tenemos por qué preocuparnos de absolutamente nada, pues El ha previsto todo. Siendo así, lo más natural es que lo amemos más que a ninguna otra cosa o ser.
Por estar convencidos de su amparo y protección no tenemos nada que temer, pues además no existe ninguna cosa o condición que pueda hacernos daño pues El no la creó. El Dios del Bien únicamente crea el Bien.
Enfocados en esta verdad, nosotros como co-creadores con nuestro pensamiento precipitaremos un mundo perfecto en el cual estaremos claros que no debemos temer absolutamente nada pues todo sucede con el propósito de que aprendamos y evolucionemos.
Al ser nuestros pensamientos libres de mal, de desgracias e inconvenientes, las experiencias serán sin traumas. 
Cuán diferente es vivir sin angustias, sin temor de que las cosas van a salir mal. Cuán importante es reconocer solamente el poder de Dios y no concederle ningún poder a nada ni a nadie más.
De eso trata el Primer Mandamiento.


Seu.